sábado 5 de julio de 2008

El sexo visto desde la vagina de una mujer (Las palabras de Inerzia)

Inerzia nos dejó unas cuantas palabras: A veces, sólo, sola, brutal, nada, fluir, palabras, igual, siempre que, inventar.




Estudiante de psicología.. ¿a quién se le ocurriría elegir una carrera únicamente con el propósito de irse lejos de casa? A veces tenía alocadas ocurrencias, aunque nunca había llegado a arrepentirme de ninguna.

Así que allí estaba, sola, en una famosa ciudad universitaria. Lejos de casa.
Compartir piso era la única opción que tenía, se lo habían dejado bien clarito: “si quieres estudiar fuera, lo harás, pero ya sabes lo que hay: cuatro perras y a buscarte la vida”.

Aún con la maleta en la mano le dije al taxista que me dejara en la universidad, allí seguro que habría carteles de gente que buscaba con quien compartir piso.
Y vaya si había carteles… Una pared entera llena de todo tipo de notas: grandes, pequeñas, con flecos, sin flecos… todas ofreciéndose para compartir piso o buscando a alguien que quisiera compartir (piso). De repente me di cuenta de que no había pensado (lo de pensar no iba mucho conmigo) qué era lo que buscaba, si un piso sólo de chicas o un piso “mixto”. Bueno, en el pueblo tenía fama (inmerecida, por supuesto) de pelandrusca, así que haría justicia a los rumores, ya no tendrían que inventar más sobre mi..

Y sí que el piso era de chicos, sólo de chicos. Cuando me ofrecí para compartir piso casi se pegan entre ellos para darme a escoger la mejor habitación. Ni siquiera les importó que tuviera que pagar menos de lo que ellos tenían pensado. Se ofrecieron encantados a pagar ellos el resto.


Los primeros días transcurrieron más o menos con normalidad. Bueno, yo lo llamo normalidad, pero no era normal , una cohorte de tres tiarrones todo el día intentando ser graciosos, tratándome como una geisha.. eso no pasa todos los días.

Al principio resultaba divertido, pero luego ya no me lo parecía para nada.
Además, poco a poco empezaron a comportarse como animales en celo, ya no compartían el territorio, sino que cada uno delimitaba y marcaba el suyo cada vez de forma más brusca. Hubo algún momento en que pensé que mismamente sacarían su polla y se pondrían a esparcir semen u orina a su alrededor para dejar claro a los demás un “hasta aquí”.

Poco a poco la fraternidad divertida del principio fue desmoronándose. Nada de salir de la ducha con la toallita medio cayéndose porque aquello provocaba que inmediatamente cada uno de ellos se encerrara en su habitación… a pelársela.

Mis compañeras de universidad no podían creerse el desasosiego que estaba provocando entre mis compañeros de piso. Y alguna no podía creerse tampoco que no me hubiera cepillado a los tres, juntos o por separado.


Un día uno de mis compañeros de piso, el profesor de inglés, durante el desayuno va y me suelta: “Oye.. estás buenísima… digo… perdona… quería decir…. La verdad es que no sé lo que me digo, déjalo…”


¿Dejarlo? ¿dejar qué? No sé porqué, pero me resultó conmovedor. No pensaba que la situación le resultara tan difícil. La verdad es que era el que peor llevaba la rivalidad entre compañeros por la única fémina del piso. Se había acobardado. Los demás al menos intentaban fanfarronear sobre el tema, desdramatizarlo, aún a costa de ser groseros. Luego se la pelaban en su habitación. Pero el profe de inglés… andaba como esquinado, desquiciado..

No sé, el caso es que sus dubitativas palabras en el desayuno me animaron. Siempre que veía a alguien en la cuerda floja yo tenía que ir a hacer de red, no podía evitarlo.
Al fin y al cabo una no es de piedra y ya se me estaba haciendo cuesta arriba ver a tres tíos buenorros en calzoncillos por la casa. Así que decidí que era el momento.


Un sábado que estábamos los dos sólos en casa dejé la puerta del baño deliberadamente entreabierta, mientras me desnudaba lánguidamente y dejaba fluir con deliberada parsimonia (y provocación) el agua por mi desnudez. Y el profe entró, claro que entró…

Fue.. ¿Cómo diría yo? Brutal… sí, brutal. Yo deseaba el sexo tanto o más que él, pero aún así me sorprendió la rabia contenida que había en cada gesto suyo. ¿He dicho gesto?. No, no eran gestos siquiera, eran manotazos, golpes descontrolados. Estaba desatado.. Yo debí poner cara de sorprendida, pero claro…, él no se dio cuenta. Vamos, es que yo creo que ni me vio, ni siquiera pareció darse cuenta del golpe que me dio contra el grifo de la bañera. Casi me desnuca, pero mi “quejío” de dolor debió de interpretarlo como un “quejío” de placer, porque arremetió aún más, si cabe, con más fuerza y ensañamiento.


Una vez que terminó (él), por supuesto que ni se preocupó siquiera de saber siquiera si yo había empezado… Me puse un par de tiritas en el arañazo que me hizo en la frente, mientras me frotaba la nuca, aún dolorida del golpe contra el grifo y me fui a mi habitación a pensar sobre lo ocurrido. En realidad, no había mucho en lo que pensar. Este chico me gustaba, se le veía tan necesitado de sexo… Así que después de fumar el tercer cigarro seguido fui a su habitación.

Estaba durmiendo, claro. Daba igual, ya me encargaría yo de despertarlo. Le daría lo que necesitaba, todo ese sexo contenido cada vez que yo salía de la ducha con la toalla, o me paseaba por el pasillo sólo con la camiseta… Sé que aguantaría. La furia mostrada en la bañera no podía ser casual. Este chico era un atleta sexual. Sin neuronas, pero un atleta sexual. Y yo iba a darle lo que necesitaba. Me monté encima de él y le miré, dispuesta a darle un dulce despertar. Iba a enseñarle lo que era sexo. Del de verdad…




Nota: Esto del sexo es una trampa mortal para la independencia de una mujer. Pero el sexo, oh, no es patrimonio de los hombres.

martes 1 de julio de 2008

Si supiera escribir (Las palabras de Perlita)

Perlita nos dejó estas palabras: ¿Y dices que no sabes escribir?







Siempre he pensado que quien lee es quien hace de lo que se escribe aquello que llegue a ser: un buen escrito, una cagada, una buena historia, palabras huecas… Por eso, me extrañó tu pregunta (“¿Y dices que no sabes escribir?”) porque es quien lee quien en realidad nos convierte en escritores o en juntaletras; el lector da la categoría a lo que se escribe, y eres tú, quien lee, quien hace que lo que yo escriba tenga un sentido. Un sentido muchas veces ajeno a lo que has leído.


No, no sé escribir. Si supiera, escribiría sobre cómo las esperas, largas esperas, se convierten en fiesta; cómo los encuentros se encadenan con sencilla naturalidad; te explicaría porqué tengo, aún, los pies de color naranja; o porqué es que las cosas encajan siempre, sin forzarlas, y encuentras las respuestas aunque no te gusten.


Si supiera escribir, te contaría aquí y ahora porqué hay gatos-perro; o porqué los mensajes siempre están en los pequeños detalles. Escribiría sobre cómo el humor es el camino más corto entre dos, cuatro o mil puntos o destinos. También los juegos acortan distancias y establecen diálogos.


Si supiera escribir, pondría: “fuera de juego” y sabrías que no estoy hablando de fútbol, sino de mí y además podría explicarlo. Tal vez si supiera escribir, escribiría sobre lo que callo, y no siempre otorgo. También sobre lo que otorgo, y no siempre callo. Pero también.


Si supiera, si supiera escribir, respondería a lo que interrogas, incluso a lo que no preguntas. Escribiría sobre cómo el tiempo se hace efímero; te diría porqué, todos los porqués. Y sabría poner en palabras el porqué la alegría se contagia, y te alegras de quien se alegra, disfrutas de quien disfruta y te conviertes en antena parabólica.


Si supiera escribir, hasta encontraría explicación a cómo hay quien combate el tremendo calor con pijamas de cuadros y camisas de manga larga; de lo difícil que es andar en bicicleta o mantener el equilibrio sobre una pierna. Escribiría sobre las noches, nuevamente. Sobre los posos que dejan las infusiones, aunque sean de chocolate. Si supiera escribir, lo haría con tinta.


Si supiera escribir, escribiría sobre amistades. No. Escribiría sobre cómo nace una amistad. Sobre lo que empieza y cómo emerge. Y sobre cómo se mueven las piezas del ajedrez (a veces se mueven solas, eso nadie te lo diría). Escribiría y describiría cómo mirar a seis ojos y brindar a la vez sin marear la mirada.


Si supiera escribir, traduciría las palabras, los silencios, los gestos y hasta los alimentos. Transcribiría palabra a palabra lo visible y lo invisible, destriparía intuiciones e imaginaciones. Pondría palabra a palabra realidades, descubriría aquello que ni tú eres capaz de ver. Hasta me descubriría a mí misma.


Si supiera escribir, desgranaría cada minuto y su esencia. Cada pensamiento propio y ajeno. Si supiera, escribiendo recuperaría la cordura. Y hasta explicaría porqué no soy nada mística, ni siquiera mítica (ooooohhhh). Explicaría lo que soy y quien soy.


Si supiera escribir, alguien sabría leer. Pero no. Si supiera escribir escribiría sobre todas las cosas que no voy a escribir. Porque no sé escribir. Si supiera, lo haría. O no. Porque no importa. O sí.


Si supiera escribir, sabría agradecer. Pero mira… voy a aprender, aunque sea por un momento y luego se me olvide (escribir, que no agradecer). Y voy a agradecer: Gracias Mármara, gracias Ms Baggesen y gracias Ohnenick (por estricto orden alfabético, que así me enseñaron a escribir).


Ah, y si supiera escribir, no pondría imágenes (y menos tan horteras)





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domingo 29 de junio de 2008

España 4 - Alemania 0

C

martes 24 de junio de 2008

Noche de San Juan (Palabra de errante)


Errante, aquí tienes la palabra que me ofreciste (azar).



La noche de San Juan es todas las noches o ninguna. Son todas las noches que queremos que sean o no sean.

Estas son las noches quemadas en la hoguera: Las noches en las que las puertas se abren a la memoria y, buscando el curso de las cosas, encuentras vacíos y sombras frías. Noches que turban y en las que algo nos olvida impunemente. Noches inacabadas, ajenas, cenicientas. Noches que interrogan. Noches que duelen en inútiles naufrágios. Noches hospitalarias (de hospital). Noches de lágrimas por alguien que duele y ni siquiera percibe ese clavo que te ha puesto. Noches en las que la conciencia te trae tus propios errores, olvidos y abandonos. Noches de miedo inmóvil

Y ahora ya no es tarde para nada, ardieron todas las noches como hojas de un calendario. Y ahora esperan cien batallas. Veo arder los viejos regalos y los fantasmas, sin dioses ni demonios.

Me abrazo, ahora sí, a mis orígenes para no negociar destinos escritos, darle aire al azar y lo insospechado. Prefiero un destino azaroso, un futuro de casualidades, aunque sean provocadas. Que el azar tome todos los caminos vivos y equívocos sin temor. Sin el peso de las noches quemadas, mi piel de nuevo siente y, además, se da cuenta.




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sábado 21 de junio de 2008

Enterrando a mi amigo (Las palabras de Meiga en Alaska)

Con improvisado retraso, devuelvo las palabras que Meiga en Alaska me ofreció en su momento. Las palabras eran (son): leña, flor, árbol, canoa, mesa, triciclo, hojas, rastrillo, escaleras y sauna:




Fue más fácil de lo que pensaba: sacó el cadáver de Ted de la canoa sin dificultad; tal y como había pensado, nadie lo encontraría allí. En esta época del año la canoa apenas se utilizaba.

Apoyó a Ted junto al cedro más cercano al antiguo cobertizo, ahora reconvertido en sauna. Siempre le había molestado que a ese árbol lo llamaran falso ciprés, claro que tampoco entendía porqué le decían cedro amarillo, si sus hojas eran verdes… En realidad siempre había entendido pocas cosas, pero estaba seguro de que eso iba a cambiar a partir de ahora, en cuanto se deshiciera del cadáver de Ted todo sería diferente.

Cogió el rastrillo y la pala que estaban apoyados junto a la leña. Tendría que apartar primero todas las hojas esparcidas alrededor del cedro antes de ponerse a cavar.

Había pensado que la noche sería su aliada, pero ahora se daba cuenta de que el miedo le asfixiaba y que todos los sonidos que durante el día le pasaban desapercibidos por la noche se extendían como una melodía aterradora. O tal vez la noche tuviera sus propios gemidos. Le empezaron a sudar las manos.

Después de lo que creía demasiado tiempo, consideró que había cavado lo suficiente. Se acercó a Ted. De repente dudó… ¿estaría realmente muerto?... Hacía mucho que no se movía, y se había asegurado varias veces de que no respiraba, pero… ¿y si no estaba muerto del todo?... “No te dejes llevar por el pánico” se dijo a sí mismo. Sabía que tenía que hacerlo, que era un mal necesario.

Había querido a Ted casi más que a nadie. Su amigo, su confidente, su maestro. Nunca le había fallado. Ni siquiera cuando apretó la almohada impidiéndole respirar opuso resistencia. Ted lo entendió. Siempre lo entendía todo.

David empezó a echar tierra sobre el cuerpo de Ted, no sin antes dejar un “nomeolvides”, ahora totalmente blanca. Siempre había sido la flor preferida de Ted. Se sentía muy cansado, y a cada palada de tierra se sentía, además, más solo que nunca.

Empezaba a amanecer cuando por fin terminó. David se dirigió a su triciclo (“tendré que decirle a mamá que ahora que ya soy mayor me compre una bicicleta”, pensó). Mientras se acercaba a su casa pensaba en que era una pena que no supiera escribir, porque podría dejar una carta a su madre en la mesa de la cocina, que ella leería mientras desayunaba. La carta diría algo así: “Querida mamá: Desde que papá no está ya no sonríes. Ya casi no me miras y no has vuelto a jugar conmigo. Cuando me acerco a ti siempre me acaricias el pelo con una mirada triste. Yo he querido alegrarte cada día porque no puedo vivir sin tu sonrisa. Pero todos mis esfuerzos han sido inútiles. No entendía porqué. Pero ahora ya lo sé: era un niño, y los niños están en un mundo y los adultos en otro. Pero ahora ya estoy en el mundo de los adultos: me he hecho mayor. He matado a mi peluche, Ted. Los adultos no tienen juguetes. Ahora que ya no tengo a Ted, ya soy un hombre. Le echaré de menos, pero él ha entendido que tenía que cuidar de ti. Me vestiré con la ropa de papá, con sus gestos y sus manías. Se qué he cruzado ilegalmente la frontera de la edad. Pero no importa porque a partir de ahora volverás a sonreír.”

Pero aún no sabía escribir muy bien, así que tendría que subir las escaleras, entrar en la habitación de su madre, despertarla y presentar al nuevo David, el hombre de la casa.


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martes 10 de junio de 2008

Canción de Blues (Las palabras de Belén)

Pues yo pedí, y Belén me ofreció sus palabras: "Canción de Blues".




Era una estación como tantas otras: pequeña y olvidada. Como pequeña era la ciudad de la que huía. Sólo me encontraba yo, esperando. Eché de menos a otros viajeros. Siempre me ha gustado observarles, destramar su recorrido, otear los libros que leen, medir su espera, disfrazar la mía…

Era una madrugada fresca a pesar de ser un día más de verano. Un día que había dejado de ser hermoso cuando decidiste partir y partirme.

Estaba a punto de dormirme con la cabeza sobre la mochila cuando entró un anciano de ojos tristes. Tan tristes que yo, ya sin sueño, no podía dejar de mirarle. Su maleta era tan vieja como él; junto a la maleta dejó reposar una guitarra y una botella. Encendió un cigarro, bebió un trago infinito, se sentó en la maleta. Y cogió su guitarra.

Durante lo que creí mucho tiempo no hizo nada, sólo dejar que el cigarro se desgastara en los labios. Pero de repente la madrugada se llenó de música quejumbrosa y nostálgica. Gemía una canción de blues con notas tan profundas como un misterio. La voz del anciano lloraba lamentos serenos y mi piel cobró vida propia a ritmo de blues.

Más tarde llegó el tren. El viejo, su guitarra y su voz se perdieron en la estación. Cuando volví a mirar ya no pude verle. Pero yo lo recuerdo. Cierro los ojos y aún puedo oír aquella canción que ahora, igual que entonces, llega hasta mí y me turba. Todavía hoy, después de haber bregado por pasajes insólitos, encrucijadas inciertas, áreas sutiles… dudo razonablemente si aquella canción de blues posee una presencia material o ficticia. Si es un recuerdo más del cementerio de lo místico, de lo que, al igual que tú, creí real y fue tramoya intranscendente.


domingo 8 de junio de 2008

Sputnik, mi amor

Perdidos en la inmensa metrópoli de Tokio, tres personas se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad; un viaje parecido al del satélite ruso Sputnik, donde la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad. Pero Sumire tiene una única obsesión: ser novelista; además se considera la última rebelde, viste como un muchacho, fuma como un carretero y rechaza toda convención moral. Un buen día, Sumire conoce a Myû en una boda, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y se enamora apasionadamente de ella. Myû contrata a Sumire como secretaria y juntas emprenden un viaje de negocios por Europa que tendrá un enigmático final.


No sé la razón, pero el caso es que poco a poco fui comprando todos los libros de Haruki Murakami antes de leerlos y de saber si me gustaría o no. Tal vez fuese por la musicalidad de su nombre: Ha-ru-ki Mu-ra-ka-mi… me gusta cómo suena al pronunciarlo…

Por ninguna razón en concreto, decidí que el primer libro que me leería de Murakami sería “Sputnik, mi amor”. Sonrío mientras lo escribo, porque la lectura ha sido realmente placentera, aunque creo que lo definiría mejor el decir “sorprendentemente placentera”. Porque ha sido una sorpresa, sí; es más… ha sido una sorpresa sorprendente… Me ha agradado enormemente leer este libro inesperado, sorprendente (¿ya lo había dicho?), asombroso…

Murakami hace algo verdaderamente portentoso, te cuenta una historia realmente absurda, y te la lees sin darte cuenta, pensando que es una historia más o menos racional, o al menos lógica, cuando de repente las situaciones se convierten en descabelladas… pues sigues leyendo, atrapada ya por el texto, por los sentimientos, por lo que Murakami cuenta. Porque en realidad, la historia en sí no es importante, lo que importa son los personajes (hábilmente construidos para que, más allá de lo extraordinarios que puedan resultar, sientas que entiendes sus emociones, sus sentimientos, su comportamiento), personajes construidos para que reflexiones sobre “lo divino y lo humano”, sobre identidades, sobre el amor, sobre el ser, las elecciones personales, la fantasía...

No digo yo que sea una novela fácil, pero tiene (indudablemente) capacidad de emoción, casi diría que de fe: sí, terminas por creer en orillas y en atravesarlas (¡Impossible Is Nothing!). Y si digo que la novela puede no resultar fácil no es porque no esté escrita con habilidad, diría incluso con amabilidad. Es una novela cargada de símbolos, de metáforas; y sin embargo está escrita con sencillez, pero con gran capacidad para evocar emociones y sentimientos intensos.

Aunque está cargado de melancolía, sin embargo no te deja ese poso de tristeza dulce propio de la nostalgia, al contrario es enternecedoramente esperanzador.

Por lo que he leído, no es el mejor libro de Murakami… Pero como es el único que he leído, y por tanto del que puedo hablar, lo recomiendo. Interesante, original y sorprendente. He dicho.

miércoles 4 de junio de 2008

Luz Casal (Las palabras de Frabisa).

Las palabras que Frabisa me propuso: Inteligencia, sensibilidad, madurez, fuerza, coherencia, soledad, seducción, afectos, humor, amistad y vida.




Ayer fui a un concierto de esos que guardas en el baúl de “conciertos memorables”. Fui a ver, oír, sentir, a Luz Casal. Hace algo más de dos años fui a otro concierto suyo, y pocos meses después, la vida le dio a Luz un zarpazo. Pero Luz es mucha, pero mucha mucha, Luz.

Ayer volví a su encuentro. Y no decepcionó: guapa, guapísima. Elegante. Tierna. Fuerte. Generosa. Simpática. Una dama de los escenarios. Son muchos años, y es mucho el arte que tiene, encima de un escenario Luz arrasa. Sabe llevarnos de la emoción a la euforia, de la ternura al derroche, de la intimidad al abrazo… Su voz es su fuerza, porque es suya, personal, y sabe manejarla estupendamente. Siempre ha sabido poner el gesto preciso, la postura adecuada. Yo creo que aún ahora, si cabe, conoce su cuerpo mejor y es más dueña de él (que siempre se ha sabido mover con una capacidad para transmitir exquisita, pero ahora ha hecho de ello todo un espectáculo).

Me harté de llamarla guapa y de aplaudir, tanto que me tuve que quitar los anillos porque me hacía daño de tanto dar las palmas… Siempre me ha gustado mucho Luz Casal. Mucho. Pero ayer… me enamoró. Por eso, hoy, no podía menos que escribirle. A ella, a Luz.



Tu música, Luz, me protege de las sombras. Con tu voz de meiga buena, de alma rockera, suavizas la oscuridad tornándola vela y luces tenues. Tu voz es un poco irreal, como de fantasía de Woodstock. Al oírla, sin embargo, se hace sólida y las notas vibran paseando por debajo de la piel.

Ayer toda la música fue tu voz, con la ternura y el misterio de una luna reflejándose en un abrazo, y a la vez con la fuerza y la promesa de un fuego en la chimenea de aquella casa que aparece en mis sueños.



Hay días que son como peces muertos; despiertas boqueando, panza arriba, con el mundo vuelto al revés. Y entonces la música calma y nos deja en paz. Tu música, tu voz, se hace brisa, puerto, abrazo, camino, recodo y rincón.

Tu dibujas unos ojos que miran sin sombras, un arco iris que rebota en los zapatos y se detiene dejando huellas de luz, sin fantasmas ni vértigos. Tu voz me viste y me desviste, iluminando de emociones el alma, haciendo posible lo cotidiano, descifrando las entrañas, me deja ver incluso más allá de lo imprescindible. Tu voz me espejea.




No dejes de seguir viviéndote bien, embrujada y embrujadora, cautiva y cautivadora, sigue empeñada en la gente y en su “bien vivir”. Sigue construyendo tu biografía siendo feliz, canta tu destino y el mío. Te deseo una plenitud, no de tiempo (que es relativo), sí de SER (que es eterno). De ser tú y de ser feliz.




Os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con las palabras que me ha pedido Frabisa. Ella ya lo sabe sin que le diga nada. Pero me explico. Frabisa me propuso 11 palabras. Llevaba días dándole vueltas a qué hacer con ellas, muchas palabras y todas apuntando en una misma dirección. Unas horas antes de ir yo al concierto de Luz Casal… ¡¡Frabisa escribe en su blog sobre el concierto de Luz al que ella había ido!!... Y cuando estoy en el concierto veo, en Luz, absolutamente todas las palabras que Frabisa me había propuesto (y bastantes más, he de decir):


afectos

amistad

coherencia

fuerza

humor

inteligencia

madurez

seducción

sensibilidad

soledad

vida

domingo 1 de junio de 2008

El miedo de sentirse culpable (Las palabras de Pulgacroft)

Las palabras de Pulgacroft: culpa, inseguridad, riesgo, miedo, amor





Entre claroscuros monocordes y monótonos..¡qué ganas de romperle las costillas a este tiempo sin ti!!. Asumimos el riesgo de la distancia con la inconsciencia del amor; sin fecha de caducidad esgrimimos nuestro paisaje perdurable, nuestra mutua persistencia.

Ahora abarco con la mirada esta minúscula ausencia, la cintura de las sombras proyectadas en gris.. Qué agonía de tiempo transcurrido, qué palabras no dichas y rebotadas una y otra vez, con la culpa golpeándome a cada intento de retomar aquella certidumbre con la que iniciamos la promesa de sernos fieles.

La luz se debilita bajo este techo que me desdibuja y me tiñe de inseguridad mientras titubeo mil perdones. Y quiero gritar, gritar el nombre de las ausencias, de los gestos que nos debemos, quiero reclamar tu presencia sin que el miedo me ahogue en el vacío.

Quise acortar las distancias poblando otros cuerpos, rememorando los sentidos, no importaban las dudas, la distancia era una aliada y los cuerpos ajenos un puente hacia ti. Y ahora que es tarde, tu ausencia se sumerge en mi culpa y evidencia mi engaño. Y ahora que es tarde, sé que te quiero. Ahora que ya no estás siento el miedo de quien se sabe culpable.



jueves 29 de mayo de 2008

¡Palabra de Ohne!

Quiero daros las gracias por todas las palabras que me habéis dejado (clic) aquí (si alguien lo desea, podrá seguir depositando palabras). Salvo excepciones, mis próximos posts serán la devolución de esas palabras. Y la primera, por riguroso orden de petición, le corresponde a Ohne, que propuso la palabra AZUL.





- “¡¡¡Mis ojos son veeeeerdes!!! ¡¡verdes!!!”

- “Lo sé, pero tu mirada es azul”

¡¡Cuántas veces habíamos gastado esta broma entre las dos!!. Hubo momentos en los que te juro que hasta llegué a pensar que mis ojos eran azules..

Hemos pasado tantos años juntas… No recuerdo siquiera otra vida que no fuera junto a ti. Contigo asimilé que mi mirada era azul, aunque mis ojos fueran verdes. Y contigo aprendí a compartir tu amor por el mar y los delfines. Esa fascinación tuya que tan sólo a ratos llegué a percibir y comprender en toda su intensidad. Cuando mirabas el mar, yo te miraba a ti. Yo sé que cuando te ahogabas sin el mar lo buscabas en mi mirada. Azul, azul el mar. Azules los delfines.. Azul mi mirada de ojos verdes.

Miré el mar mientras te abrazaba. La enfermedad había sido más rápida contigo que con la mayoría de las personas. Aún desde tu extrema delgadez conservabas una fuerte expresión con la mirada. Tu abrazo me llegaba débil, pero tu amor me acariciaba con una intensidad casi delirante.



El mar estaba tan inmóvil que no parecía natural. Pero el agua era azul, muy azul. Los delfines habían seguido nuestra embarcación y, cuando nos detuvimos, permanecieron con nosotros. No lo dudo ni un momento, sé que están aquí por ti, que los habrás convocado mientras mirabas mi mirada azul.



Es como tú quieres que sea. Estamos quienes te hemos querido y tú has querido. Está el mar. Están los delfines. Todos están tan cohibidos que apenas nos miran. Mi mirada se concentra en la tuya, y tú buscas la mía en una intimidad que nos abarcaba a todos.

“tu… mirada… es …. azul…”

“Lo sé”, te respondí.

“ahí… me quedaré… en… tu mirada…azul”

No sé de qué color eran mis lágrimas. Nos habíamos preparado largamente para este momento. Después de una larga travesía conseguimos desconvocar el dolor. Sé que la memoria no me hará preguntas.

Los delfines se acercaron tanto que temí por un momento que volcaran la embarcación. Era el momento.



“¿Lista?” te pregunté.

“Sí”, me contestaste mientras tu mirada se tornó, también, azul.

No necesitábamos más palabras. Todo nos lo habíamos dicho ya. Tanto que al final no necesitábamos de ellas. Nuestros días se poblaron de los silencios más intensos, verdaderos, nítidos y entrañables que se podían crear y recrear entre dos personas. En el umbral del paraíso, nos amamos hasta subir al cielo.

Deshice lentamente el abrazo, dejé escapar tu mano. No sé si llegaste a sumergirte en el agua. Juraría que los delfines te mecieron mientras te arrullaban extraños y tranquilizadores cánticos. Cerré los ojos mientras te atrapaba en mi mirada, ahí te retendría para siempre, en mi mirada azul.



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2 buenas noticias 2

En el post anterior os pedía palabras. Generosamente, habéis pasado por aquí y, sin titubear, me las habéis dejado (podéis seguir haciéndolo). Iba a empezar a cumplir con mi promesa. Pero hoy me he encontrado con dos noticias que no puedo dejar de compartir con vosotros. Creo que merecen la pena.

Una noticia es esta (hacer clic): Se prohiben, por fin, las bombas racimo. Podría decir lo absurdo de la situación, porque las bombas racimo las han creado quienes ahora las prohiben. Pero quiero quedarme con la alegría que me produce la noticia, sin más.

La otra noticia está relacionado con un post que escribí hace tiempo, sobre un vídeo que me emocionó enormemente y que podéis ver (clic) aquí Josele, el padre de María, tuvo el detalle de dar las gracias por compartir el vídeo, cuando el agradecimiento es mío por hacerme mantener la esperanza en las personas. Además, de vez en cuando me ha ido dando noticias de su lucha. Y hoy acaba de dejar una estupenda: María por fin ha conseguido cruzar meta. En realidad ha cruzado ya muchas metas, ella y su familia, pero esta vez todos podemos verlo y ser partícipes de ello. Gracias Josele, a tí, a tu familia y a tus amigos, que hacéis que tantas cosas merezcan la pena.



Espero que ambas noticias os alegren tanto como a mi. Incluso con la mitad de lo que a mí me han alegrado estaréis muy contentos.


martes 27 de mayo de 2008

Triste es de pedir, pero más triste es de robar...


Atravieso un desierto. Todo lo que veo es arena, uniforme y plana. Me siento, contemplo mí alrededor y sólo veo arena y cielo en un abrazo prolongado y obsceno que me aburre. Me aburre soberanamente además. Cierro los ojos, los abro de nuevo y siempre la misma imagen. Arena y cielo. Desierto. No hay ni día ni noche. La luz es siempre la misma. No hay tonalidades ni matices.

Tampoco quiero un oasis. Busco algo. No encuentro nada. Vengo aquí y no tengo palabras. Sólo la arena y el cielo. No sé qué escribir, no tengo nada que contar. Arena y cielo. Camino por la arena y una y otra vez encuentro mis propias huellas, a veces hasta creo que se van estrechando…


Cuando no sé dónde ir, miro dentro. Si no encuentro respuesta, busco fuera. Si no sé qué hacer, tengo que obligarme, ponerme metas, plantearme retos. Y ahora necesito un reto. Me obligo.

Pero necesito vuestra ayuda. Necesito, sobre todo, vuestras palabras. No, no necesito palabras de ánimo. No. Quiero palabras sueltas. Sólo palabras. Porque las que tengo ahora me aprisionan, y necesito palabras que me liberen.

Había pensado ir por vuestros blogs y robarlas. Robar vuestras palabras lúcidas, plateadas, transparentes, oscuras, sugerentes, inteligentes, divertidas, provocadoras, reivindicativas, escupidas, envolventes, prometedoras, arriesgadas, ofensivas, sutiles… Iba a robarlas y luego construir con ellas, aquí, mis posts. Pero sería una artimaña indigna, aún para mí.

Quiero que vosotros me las deis. Mejor aún, que me las cedáis. Yo prometo recogerlas y edificar con ellas unos cuantos post. Podéis dejarme una palabra o varias. Por cada persona que me deje unas palabras, haré un post, una historia, una anti-historia, un pensamiento, una imagen, una frase, una reflexión, una ofensa, un murmullo..

Y así, hoy sólo quiero que me dejéis palabras sueltas.. para poder juntarlas. Y luego, os las devuelvo, post a post.. Tenéis mi promesa.





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domingo 25 de mayo de 2008

Así empecé... y ahora voy a intentar reinventarme



Pues nada, aquí estoy. Me he puesto “pisito” en Internet, un rincón para mi y mis neuras. El otro día me dijeron que porqué no me hacía un blog (suena como a hacerse una paja…. y en realidad no son tan diferentes), y yo con esa dignidad que me caracteriza dije que nainai de la China, que no escribo tan bien, y que sólo escribo cuando estoy triste, lo cual no era el caso últimamente. Con preocupaciones como todo quisqui, sí, pero no triste.

El caso es que desde que dije que no, no había día que no se me ocurriera algo de lo que escribir, como si ya tuviera blog. Total, que tardé más bien poco en sucumbir y ayer me puse manos a la obra, busca nick, piensa en nombre de blog, elige plantilla, etc etc…. Y mi primer punto débil al descubierto: me contradigo más que hablo. O sea, mi dignidad me ha durado lo que una raya de coca a las puertas de T5 (“telahinco”): un suspirín.

Y ya puestos a desnudarse, destapemos otro punto débil que me caracteriza: si inicio este blog es para que la gente me lea, nada de que escribo para mí (para eso ya tengo folios y boli o, en su defecto, el Word). Hace tiempo empecé un blog y no se lo dije a nadie, escribí un par de entradas para ver si alguien lo leía, aunque fuera por casualidad. Creo que duró un mes. Me aburría ¡sólo me leía yo!. Internet es grande, quizás demasiado para nuestras entendederas, desde que “navego” por este mar de mares he tenido buenas y malas experiencias, pero he de reconocer que he ganado más que perdido. En esta macro sociedad que supone la Red, quiero conocer gente, gente que me motive, me estimule, me mueva, no me deje indiferente, que ponga mis terminales emocionales e intelectuales a todo tren… Así que quiero escribir para que me lean, para leer a otros, para conocer nuevas (y diferentes) palabras, pensamientos, historias….

Por si no ha quedado claro, mi segundo punto débil es que soy una narcisista disfrazada de (falsa) modesta. Y el tercer punto débil (que no el último, pero sí por hoy) es que soy tremendamente autocrítica e implacable conmigo misma. Autoexigente al máximo, soy dura con quienes me rodean.

Pero basta ya de hablar de mí y destaparme con tan poco pudor. Aquí queda mi primera entrada, estrenando pisito, pasen y acomódense, tomen asiento, bebida y unas tapitas. Invita la casa.


Esta fue la primera entrada que escribí. No tengo ni idea de cómo serán las siguientes, ni siquiera de si serán.

martes 20 de mayo de 2008

Lo que no me importa hacer (por ejemplo, un meme) y lo que me gusta hacer (por ejemplo, bloguear)


Pues hete aquí que Morgana me pasa un meme, y yo en principio lo acepto, porque me parecía rapidito de hacer. Pero vaya, como soy propensa a complicarme la vida no era la cuestión tan fácil como parecía en un principio.

El meme consiste en poner seis cosas que no te importe hacer y otras seis que te guste hacer. Chupao, pensé yo. Nada más lejos de la realidad. Resulta que cuando quería pensar en seis cosas que no me importa hacer… me daba cuenta que no me importaba hacerlas porque en realidad me gustaba hacerlas, así que tendrían que ir en el otro apartado… Y más vueltas le daba, más lío me hacía, porque sólo me salían cosas que hago, pero que en realidad que me importa hacerlas (del tipo bajar la basura, ser el despertador de Ohne… )

Después de vueltas y vueltas, y para no colapsarme, he decidido tirar para adelante a las bravas y que salga lo que sea..

Seis cosas que no me importa hacer:

  1. Hablar con mi madre todos los días por teléfono entre 10 minutos y una hora. Y pasarme los viernes por la noche hablando por teléfono con mis sobrinos.
  2. Quedarme durmiendo en el sofá toda la noche
  3. Gastarme el dinero
  4. Que me quede el cuello blanco por tomar el sol leyendo
  5. Ver en casa alguna película chorra (en el cine sí que me importa)
  6. Dormir poco y levantarme temprano.

Seis cosas que me gusta hacer:

  1. Tumbarme al sol, a ser posible en una playa lo más vacía posible y con un buen libro (incluso admitiría uno malo).
  2. Tener conversaciones sobre lo divino y lo humano, a más filosóficas e imposibles mejor. O sea, tertulia interminable con risas y metafísica de por medio. Y también vino ¿por qué no?
  3. Improvisar y dejarme llevar por los impulsos
  4. Conocer a gente, sobre todo si merece la pena.
  5. Observar a mis gatas. Observar, en general.
  6. Mojarme cuando llueve

Le paso el meme, si les apetece, a Ohnenick, Ms Baggesen, Ad astra per aspera, Lirio, Arcademonio y Sparkling


viernes 16 de mayo de 2008

Cuando la desmemoria se mezcla con el café


Esta mañana me levanté con la certeza de que tenía algo que contar. Algo sobre irse o quedarse, sobre tomar decisiones, sobre si pensar en los demás o sólo en una misma.